Procrastinación
¿Para qué cultivar
el coraje,
la paciencia,
o la ecuanimidad?
Hoy no, mejor mañana
que no duela nada,
que haga menos calor,
que tenga más energía,
que haya menos ansiedad.
Apuesta en grande al mañana
creyendo que será mejor que hoy,
apuesta a un futuro, que no vendrá.
Y es que, ¿para qué aliviar el sufrimiento hoy?
si como quiera regresa, ¿para qué practicar?
si puedo recurrir a la distracción.
Aquella quimera que desorienta los sentidos,
que adormece el dolor de la espina clavada,
que esconde la realidad con recuerdos y proyecciones,
que me deja ahogarme, sin saber que morí.
Eso quiero.
No quiero la verdad,
ni tampoco quiero despertar.
No quiero enfrentar las pérdidas,
ni aprender la lección de los ancestros.
Quiero un espejismo, me digo.
La realización, me toma por sorpresa,
pero no tanto como la sensación de alivio.
El nudo en mi garganta porfin se afloja.
Lloro, pataleo, y me emberrincho,
pero no hay nada que negociar,
nadie a quien reclamar.
La mortalidad,
impasible y serena
me mira con sus ojos como lagunas
llenos de una misteriosa quietud.
Solo queda respirar,
y empezar de nuevo.