A Rosario
Qué más quisiera decirte que las cosas han cambiado:
La rabia se ha consumido, el miedo, cosa del pasado.
La culpa ya no controla, todas tenemos derecho
a un proyecto de vida.
Pero aún hay reglas de oro, que por fe u obediencia,
nuestrxs ancestrxs transmiten sin vacilar.
La casa impecable, cumplido el deber,
aún cuando el cerebro termina en la pared.
Sé que es parte del legado, repetir tus mismos errores,
seguimos limpiando el linaje, impulsando mujeres sagaces.
La violencia nos hunde, acalla nuestras voces,
tropieza esfuerzos, da noticias atroces.
"No estás sola", nos decimos cada tanto
Ponemos las lágrimas con nuestras risas y pasos.
Cada gota ajusta el curso,
hacia la que alguna vez fue ruta sagrada.
La clave sigue en nuestra humanidad,
no en la suciedad de la cama.